a mediados de los años 90 por Nobuhiro Watsuki, que tuvo su continuidad en una serie de animación, Rurouni Kenshin se estrenó en los cines japoneses el pasado 25 de agosto alcanzando el primer puesto en la taquilla por delante de Los Vengadores y Prometheus. Convertida por los aficionados en una de las franquicias de mayor éxito internacional
distribución en más de 66 países, Rurouni Kenshin, además de conservar los detalles que han hecho famoso el manga y el anime entre los aficionados, es una notable
la Restauración Meiji y el ocaso de los samuráis. Muchas han sido las aproximaciones de la cinematografía nipona al chambara en los últimos años. Desde la crepuscular mirada de Yoji Yamada en El Ocaso del Samurai, a las dos últimas revisitaciones por parte de Takashi Miike en 13 Asesinos y Hara-Kiri, proyectada en la pasada edición del Festival. El director Keishi Otomo, procedente de la cantera de realizadores televisivos, logra un filme en el que la acción, por momentos espectacular, no oculta la historia en la que están sumergidos los personajes interpretados por el ídolo local Takeru Sato (Beck) y Takei Emi (For Love’s Sake). Llegado al final del metraje, las cicatrices que identifican al guerrero-vagabundo Kenshin son el reflejo de heridas más profundas que, sin verse, marcan de por vida. Cine 5 estrellas en el Auditori. CineAsia